Un viaje con amigos al viejo continente.

Recuerdo lo emocionados que estábamos de ir al viejo continente por primera vez. Mis amigos y yo decidimos mandarnos a la loca, porque queríamos vivir la final de la Champions en vivo y en directo. Claro, no conseguimos entradas para el estadio, pero conseguimos lo siguiente mejor: entradas para ir a verlo en el Santiago Bernabeu. Fue la final de Champions de la temporada 2016/2017 y la gente no podía creer en las calles que su equipo estuviese una vez más (y en tan poco tiempo) luchando una nueva final. Llegar a Barajas fue realmente increíble; el orden, la limpieza y la velocidad a la que se mueve todo.

Luego partimos a la ciudad, primera parada obvia en el hotel, y luego a descubrir la magia de Madrid. Desde fuentes y plazas con mucha historia, a edificios clásicos que nos transportaban a otra época. Llegamos a Chamartín y pudimos observar el imponente coloso madridista. No todos eramos hinchas del Madrid, pero como fanático del fútbol, debes aceptar que estas frente a uno de los mayores estadios del mundo y respetarlo como tal. Estaba totalmente repleto, y poco recuerdo de la fiesta que fue, pasó todo tan rápido. Los goles.. los gritos… la euforia… todo se mezclaba en una de las mejores noches de mi vida. Mis amigos y yo nos volvimos todos madridistas por un día y fuimos a celebrar a la Plaza de La Cibeles, donde el Madrid celebra todos sus triunfos importantes.

Pero la pregunta fue… ¿Ahora qué? Ya habíamos cumplido nuestro cometido, y no teníamos idea de que hacer, solo que podíamos ir a donde quisiéramos y que teníamos todo un continente listo para ser descubierto (al menos por nosotros). Entre nuestras paradas estuvieron París, Amsterdam, Frankfurt, Roma y Barcelona. Cada ciudad tenía algo que la hacía única. En París, no hay rincón que no tenga historia y magia. En Amsterdam, pudimos ver lo hermosas que son las calles con los canales, y la cantidad de bicicletas que circulan la ciudad. En Frankfurt, visitamos a la familia de uno de mis amigos, y nos llevaron a ver los lugares a los que iban la gente del lugar, además, pudimos visitar el estadio del Eintracht Frankfurt. En Roma, la historia se mezcla con lo moderno, y la comida vive a la altura de su fama, y finalmente en Barcelona, pudimos ver una ciudad que tiene una identidad propia. Los catalanes son personas muy amables y abiertas, y están muy orgullosas de su fantástica ciudad.

Fue un viaje entre amigos, casi a la loca y sin pensarlo. Pero se volvió el viaje con el cual vamos a medir los demás que hagamos el resto de nuestras vidas. No se cuando vuelva a visitar Europa, solo se que aún me queda mucho por descubrir.

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